Educación: tarea para cada uno
Martin Portillo
Es muy facilista delegar en otros la responsabilidad propia, y entre las responsabilidades personales esta el “EDUCAR”.
Toda comunidad o asociación de humanos ha logrado mantener su organización a través de la transferencia de información, costumbres, ritos e ideas de los mayores a los menores. En los últimos doscientos años el proceso se ha hecho más dinámico, y paradójicamente los “menores” transfieren a los mayores conocimientos, técnicas y costumbres.
En una sociedad NO EN CRISIS, sino en TRANSFORMACIÓN la aceptación del cambio, la permisión ante la innovación y la multiplicidad de plataformas educativas son herramientas para la construcción de un orden social ampliado y diverso. Impedir estos cambios o retrasarlos para adecuar la dinámica de las personas a nuestra preconcebida manera de articularnos es prueba de cuán poco se ha avanzado en la comprensión de los fenómenos sociales. Todo intento de restringir las modificaciones conllevan a la violencia o al desorden.
Estas nuevas formas de organizar la transmisión de tradiciones, conocimientos y valores deberían ser reconocidas por las autoridades gubernamentales, y en consecuencia dejarlas actuar dentro del marco de respeto a los derechos personales.
En el sector Educación, los límites establecidos por la Ley General de Educación, las condiciones laborales impuestas por acuerdos entre sindicalistas y políticos de turno, además de la intervención permanente de funcionarios y técnicos del Ministerio de Educación inhiben la oferta de modelos educacionales coherentes. La adopción de políticas de estado para el sector educación tiende a minimizar o menospreciar propuestas no contempladas en el Plan Nacional Educativo, dificultando la multiplicación de propuestas innovadoras. Solo se apuesta por lo conocido y exitoso, y por tanto RUTINARIO. ¿Consecuencia? Anquilosamiento de la capacidad docente y pedagógica de los profesores, disminución constante del nivel profesional y elevación del fracaso escolar a nivel nacional.
A nivel universitario las cosas no van diferentes, pues el cuasi monopolio estatal del nivel universitario es un caldo de cultivo para la difusión de ideas extremistas, anticuadas; los bajos sueldos impiden la contratación de profesionales de alta calidad, excepto honrosas excepciones; la politización de las universidades estatales es una realidad harto conocida, pero nunca señalada como causa principal a combatir; las corruptelas y mafias que trafican cargos y contratos dentro de los claustros universitarios se soslayan; los estudiantes no reciben educación de calidad y en el mercado laboral se hallan con pocos recursos para acceder a un empleo.
La Educación debe dejar de ser estatal, debe dejar de estar subvencionada. NO DEBE SER GRATUITA. Jamás lo ha sido. La Educación mal llamada GRATUITA, brindada por el estado, es tan solo Educación subvencionada con el aporte fiscal (impuestos) de los peruanos: ricos y pobres. El estado no tiene porque brindar educación, esa responsabilidad es de cada familia.
La mejor manera de promover reformas verdaderas en la educación es alentando la aparición de proyectos educativos diversos, sin establecer criterios políticos al respecto. Permitir la libre afluencia de capitales, innovaciones y alianzas entre la sociedad para crear, mantener y adecuar el sistema educativo a sus requerimientos.
Se puede comenzar estableciendo que los modelos sean propuestos por las empresas educativas, estas pueden ser conformadas por quienes estén interesados (libre acceso al mercado), sus programas serán elegidos por los padres interesados en base a los consabidos criterios de confiabilidad y calidad profesional del cuerpo docente y la imagen institucional correspondiente. El rendimiento y grado de aprendizaje determinara la continuidad de los alumnos en tal o cual centro educativo. También debemos aceptar y promover a quienes de no confiar en sistemas educativos formales o institucionalizados opten por mecanismos personalizados, tutoriales, electrónicos o presenciales, solo los resultados determinaran si la elección fue correcta o no. Mucho hallaran aquí un terrible problema, los años perdidos y el “daño causado” por un incorrecto proceso educativo o de mala calidad.
Sin embargo más del 60% de la población escolar hoy en día, sufre diariamente de exposición a un pésimo sistema educativo. Los niveles de aprendizaje son muy bajos, solo superamos a Haití. Eso tan solo es motivo más que suficiente para cerrar tal sistema: la EDUCACION ESTATAL.
En el caso de la apertura plena y real a la inversión e innovación en educación el sistema tendrá componentes fallidos y de mala calidad. Pero al existir una oferta variada se podría subsanar rápidamente el problema. Bastaría con cambiar de método o de centro educativo o no enviarlo a ninguno y educarse en casa. Todas ellas medidas al alcance de la tutela y supervisión de los adultos responsables de los menores. En cambio modificar el Sistema Educativo Estatal, es obra hercúlea, pues no está en manos ni de los padres de familia, ni de los directores de los centros educativos estatales ni de los propios docentes, sino de los políticos de turno. El sistema es por eso promotor de sus propios fallos y taras.
El Estado ha provocado con sus programas educativos y frondosa burocracia la aparición de ideologías violentas dentro de sus propios predios. Ha contratado personal que promovió la violencia como motor del cambio y aun siguen contratándolos. A los terroristas, en su mayoría, los educaron en colegios y universidades del Estado.
¿Qué haríamos con un colegio o Universidad privado que contrate profesores que promuevan la violencia, utilicen textos de estudio que señalan la necesidad de la guerra para “mejorar la sociedad”, y cuyos estudiantes salgan a asesinar, realizar atentados terroristas contra personas y propiedades públicas y privadas? El Estado Peruano ha hecho exactamente eso, y nadie parece sentirse afectado o reclamar que dicho sistema sea cancelado.
Mientras tanto los elementos negativos siguen pululando en las aulas de escuelas y universidades supuestamente adecuadas, bajo programas de estudio revisados y aprobados por comisiones que fomentan la democracia, la inclusión y la deliberación, entre otras lindezas plasmadas en sendos documentos bajo sello oficial. Fantasías de papel, estragos en la realidad.
El sistema educativo estatal debe colapsar y ser reemplazado por uno real y acorde con las necesidades y exigencias de los padres de familia, de las empresas y de los futuros ciudadanos, SIN INTERVENCION DE NINGUN MINISTERIO del GOBIERNO.
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