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Martín Portillo
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Keynes, García Pérez y los docentes de colegio

Es muy interesante comprobar que Perú está atrasado por que las ideas más difundidas son las que más daño han hecho en donde se aplicaron.
Como docente de historia hallo sorprendente que las recetas económicas aplicadas como: creación  de banca central que dirija, desde el Estado, la actividad bancaria privada, control de precios, estímulos a los productores o empresarios, subsidios a productos y servicios, etc. se sigan presentando como las medidas correctas en casos de crisis.

Dichas medidas paliativas no apuntan a solucionar los problemas económicos sino más bien a “adormecer” a la población facilitando el incremento de los problemas. En todo caso si la bomba estalla en otro gobierno, el descrédito político no se lo llevarían quienes lo promovieron. He ahí porque se repiten dichas medidas, en cuanto a su arista política.

En tanto que, los empresarios amenazados por una crisis casi siempre desconfían de su propia capacidad de manejo de la misma, muchos saben que perecerán, así que lo más practico y fácil es recurrir al Estado para que atienda sus “justas demandas”, eso incluye medidas como la  protección ante la competencia,  operaciones de “salvataje”, inversión de dineros del Estado en dichas empresas, exenciones especiales o condonación de deudas, entre otras.

Por su lado la “población más pobre” representada supuestamente por los sindicatos (alguien debería presentar el porcentaje de obreros que ha tenido el país en relación con la masa poblacional) exige que el nivel salarial no descienda o se equipare con las alzas de precios, terminan pidiendo congelamiento de precios a cambio de no insistir en las mejoras salariales, pero ambas medidas son nefastas, amén del siempre invocado subsidio para productos de “primera necesidad”. ¿Alguien le preguntó a un adicto cuál es su primera necesidad?

Aquí están algunas medidas recomendadas por el famoso economista John Maynard Keynes, establecidas en el país con frenesí en varios periodos del siglo XX, los pocos paréntesis solo sirvieron para volver luego a lo mismo con mayor furor.  Desde las leyes de fomento a la industria nacional, las regulaciones de las ocho horas y la creación de la “legislación laboral”, hasta los programas asistenciales y los conciliábulos pseudo pro libre mercado de los TLC. En Perú  la importancia de la participación estatal en lo que debería de ser la libre decisión de las personas es aún insoslayable y perniciosa.
Algunos Presidentes como Pardo y Barreda, Leguía, Bustamante y Rivero, García Pérez, y hasta Toledo, cayeron quiérase o  no en el manido lema de defender a los pobres, y ante la desazón de los empresarios, optar también por defenderlos a ellos.

En fin, defender a alguien es considerar que existen amenazas, y si en el discurso “universitario” se dice que las sociedades están divididas en “clases”. Que en una esquina tenemos a los ricos: empresarios y burgueses, y en la otra esquina están los famélicos pobres: obreros, proletarios, campesinos  y demás. No es casual que los políticos “apoderados” del Estado se autoproclamen defensores de los desprotegidos, sin averiguar cuál sea la amenaza. La presión política permite “ver” donde están los problemas y las maravillosas soluciones: más intervención del Estado, sutil o brutal, pero estatal. No se sueña siquiera con una mayor independencia personal para solucionar los problemas.

No debe sorprender a nadie en este país que la violencia no haya desaparecido, lo contrario debería de ocurrir.  Cuando los políticos hablan de “derechos” a obtener y luego de un tiempo tenemos marchas, destrucción y atentados, nadie debe olvidar que se cosecha lo que se siembra.
Y vaya sembradores que tenemos, gran parte de la responsabilidad recae sobre los docentes de colegio, quienes aun sostienen las ideas incorrectas (sin saberlo y de buena fe, asumimos) pues son ellos quienes “educan” y acostumbran a los estudiantes a cierta manera de entender las cosas. Cuando los políticos proponen “reformas” no hacen sino hacer evidente la información que han llegado a acumular y que las Universidades (estatales y particulares) refuerzan.

Un caso simple de ver es el CONTROL DE PRECIOS, para evitar alzas, para impedir que los pobres “sufran”, para apoyar a los más necesitados, etc., existen mil letanías de ese estilo para justificar una medida antieconómica.

Acto primero del drama
En primer lugar el control de precios se debe a que quien produce ha notado que sus ganancias no satisfacen el costo de producción, por tanto debe reajustar el precio final. Si la medida fuese caprichosa los consumidores la neutralizarían buscando productos alternativos (en un mercado libre).  Ante la elevación de los costos el productor eleva el precio, eso lleva a disconformidad de parte de los consumidores, si son diamantes quizás no haya mucho que hacer, pero si son zanahorias, pan o leche entonces los que protesten serán muchos y por ello los políticos decidirán actuar: hay un caudal de votos a la vista. Para contentar a los afectados por el alza de precios se recurre fácilmente a controlar los precios.

Acto segundo del drama

Seguidamente algunos productores notarán que no pueden seguir produciendo a un precio menor al de sus costos, así que abandonan, quebrando la más de las veces. Eso genera desempleo, disminuye el aporte en impuestos y peor aun REDUCE la oferta del producto controlado.
Si son muchos los productores afectados y el peligro de un quiebre general es inminente o su capacidad de manejo político es fuerte exigirán  del poder político “ayudas” ante la “crítica situación”. Se obtendrá más de lo mismo, se controlarán los precios de los insumos, de las herramientas, de los sueldos, etc. Se extiende el daño a otros sectores.

Acto tercero del drama
Para que no colapsen los productores se implementarán medidas desesperadas, como entregarles la diferencia del precio, se pasa a subsidiar las actividades económicas.  El fondo que ha de financiar los subsidios es lógicamente estatal, s decir los impuestos serán utilizados para pagar la diferencia entre el precio controlado y el precio de mercado o real. Recordemos que los Estados obtienen dineros de los impuestos. Ergo, el consumidor pobre o rico ahora paga dos veces: una al entregar dinero por el pan o leche y otra al aportar con sus impuestos el dinero que va a manos de los productores. Solo que no es posible saber si aporta impuestos por lo que compra o por lo que otros compran. Terminase financiando compras ajenas y costeando amplios sectores económicos.  

Acto cuarto del drama

Los subsidios además terminan provocando adicción, los productores y empresarios que lo reciben se acostumbran a no ser competitivos, se adaptan a la comodidad del financiamiento estatal. Dejan de ser innovadores, intrépidos, atentos a la demanda, se tornan mañosos y taimados para negociar con los políticos mejores condiciones.  ¿A alguien le suena conocida esta “manera” de hacer negocios? 

Epílogo
Desaparece la actitud empresarial, la competitividad y la libertad de acceso al mercado. Surgen “condiciones especiales” para acceder al mercado.
¿Dónde empezó todo esto?

En que los consumidores exigieron que no suban los precios pues sus sueldos no subían, eso indica que ha hecho su aparición la inflación. ¿Por qué  no se atajó la inflación en lugar de desequilibrar toda la economía?
Quienes recibimos  un sueldo o salario sabemos que somos una oferta más, la llamada mano de obra, y así como nadie pretendería sanamente prohibir la Ley de Gravedad, tampoco podemos modificar la Ley de la Oferta y la Demanda.

Por tanto, si un producto abunda su precio tiende a disminuir, porque el número de consumidores se mantiene constante. Pero, si la cantidad de consumidores se incrementa la demanda crecerá y el valor del producto ofertado (mano de obra)  entraría en alza. Siempre me he preguntado ¿por qué  entonces los sindicatos, los políticos y los propios afectados jamás han clamado por incrementar el número de empresas y empresarios?
¿Por qué?  Porque perderían quizás el caudal de votos de los insatisfechos. O porque no comprenden cómo funciona la economía. O ambas cosas a la vez.
Al existir más empresas se requerirá  la mano de obra no ocupada o subempleada. Es un proceso largo pero al final ganan todos, los sin trabajo y  los que invierten sus capitales en diversos proyectos (chiquitos, medianos y grandes). ¿Promovemos la creación de empresas?

El señor Keynes ya está enterrado, el señor Garcia Perez anda traumado con sus fantasmas y no atina a tomar un rumbo claro, menos su entorno y los docentes (mis colegas) aun tenemos que recuperar el siglo perdido en ideas económicas que solo hicieron del país una tierra que exporta gente.

Promover la empresa no es hacerle un favor al gran capital extranjero, es reclamar nuestro derecho a generar riqueza, aportando creativamente, sin recurrir al Estado sino a la confianza que el consumidor puede depositar en nosotros si cumplimos con sus requerimientos. Un docente es una empresa, brinda información y conocimientos, depende de su estrategia de marketing (presentación de clase) si logra atraer clientes (la atención del alumno), en función de eso puede pactar condiciones laborales con una institución o declararse ofertante particular.

Jesús María, 09 de agosto de 2009

   

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